La adaptación de la agricultura al cambio climático, entendida como un ajuste para minimizar los daños o aprovechar las oportunidades que se generan, depende de que adopten medidas que contemplen esta actividad como un proceso integral, no de cultivos específicos, y como una situación que impacta a la población mundial, no solo a los habitantes de un territorio particular.
Se facilitaría así la generación de estrategias de adaptación acordes con una cultura regional, según la Oficina del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) en México, que coordina la iniciativa dirigida a ese país, Centroamérica y Colombia.
Durante un foro técnico organizado en la sede central del Instituto en Costa Rica, en junio, la catedrática e investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y consultora del IICA en ese país, Cecilia Conde, presentó los objetivos del denominado Programa Intergubernamental de Cooperación “Cambio Climático, oportunidades y desafíos para la Agricultura” (PRICA).