Ayer se cumplieron cuatro décadas del comienzo de la infame saga de desapariciones forzosas que se vivió en nuestro país. Quien debutó con esta macabra modalidad fue un pergaminense: Luis Enrique Pujals.
Conocido desde su primera juventud por su brillante intelecto, fue para los adolescentes de nuestra ciudad un referente de la militancia, la que ejercía desde el Movimiento de Acción Reformista. El estandarte de aquellos años de su secundaria era la lucha por la enseñanza libre y laica, en contraposición a la denominada “Ley Domingorena”. Mientras que la Asociación Cultural TEA encarnaba una posición moderada frente a este tema, la dirigencia de Pujals pretendía ir hasta las últimas consecuencias, incluyendo tomas a escuelas y huelgas por tiempo indeterminado.
Pero a la par de este plan de lucha se producían debates y asambleas públicas entre ambas agrupaciones, donde la oratoria era la estrella de la escena, dejando entrever la lucidez de pensamiento de Pujals y de quien, compartiendo la teoría, representaba a quienes pretendían otra vía de acción: Horacio Jaunarena.
Con él dialogó LA OPINION, para recordar algo de aquellos años tan politizados, de luchas e ideales. Estos eventuales adversarios eran, a la postre, vecinos de la misma ciudad que los había visto crecer. Compartían escuela y partidos de fútbol donde primaba la cordialidad por sobre cualquier diferencia política.
Era el ocaso de los años 50 y para los pergaminenses Luis Enrique Pujals era el inteligente hijo de Enrique que convocaba a muchos con su discurso.
Nadie sabía entonces qué tan profundas habían enraizado sus convicciones.
Recordando los años compartidos, Jaunarena hizo referencia a los tiempos de la escuela secundaria: “El iba un año adelantado con respecto a mí, pero como consecuencia de nuestras militancias debatíamos mucho. En las asambleas teníamos posiciones distintas pero había entre nosotros una relación de amistad y compartíamos partidos de fútbol en el Club Gimnasia. Básicamente nos diferenciábamos en la instrumentación de las ideas. Luego lo perdí de vista.
En 1960 Pujals estudiaba en Santa Fe y militaba en el peronismo proscripto; allí conoció a su esposa, Susana Gaggero. En esos años abrazó la lucha antiimperialista de los países del Tercer Mundo y la Revolución Cubana, no el modelo castrista precisamente sino el sentido de liberación impregnado en la guerrilla, que fue previo a la adscripción de Cuba al eje comunista. “El era admirador de la lucha por la libertad, en este caso de los cubanos frente a un tirano como era Fulgencio Batista”, dijo Jaunarena al ser consultado sobre el perfil político que seguía Pujals.

La desaparición
Dentro de los riesgos que sabía que corría por su militancia en el PRT-ERP, posiblemente Pujals jamás imaginó sería “desaparecido”, inscribiendo esta palabra por primera vez en la historia de la Argentina del Siglo XX.
Transcurría la presidencia de Agustín Lanusse y estando reunido con sus compañeros de militancia en un departamento del barrio de Palermo, en Buenos Aires, fue sorprendido por quienes desde hacía tiempo lo buscaban por sus acciones en el “Comando Che Guevara” de Rosario, predecesor del ERP. Todos fueron trasladados a la Coordinación Federal, todos menos Pujals.
Al conocerse la noticia de su secuestro, la movilización fue total. En Buenos Aires se formó una comisión por su aparición con vida que integraron, entre otros, Ventura Mayoral –abogado de Perón-, Emma Illia y Gustavo Soler (hija y yerno de Arturo Illia), Eduardo Luis Duhalde (actual secretario de Derechos Humanos) y Rodolfo Ortega Peña. A su vez, su padre publicó La Opinión de Timmerman una carta dirigida al presidente Lanusse. Actores como Norman Briski también se plegaron a la causa y leían al finalizar sus obras la “Carta al pueblo argentino”, escrita por su esposa Susana. Se interpusieron habeas corpus, pero nada, Pujals no aparecía.

En Pergamino
Horacio Jaunarena fue en Pergamino un agente movilizador del pedido de aparición con vida de Pujals.
Con su título de abogado, ejercía en Pergamino y continuaba con la militancia política desde la UCR. Lo que comenzó con un escrito surgido de una reunión de amigos, terminó siendo una solicitada publicada en este matutino, con la adhesión de 2.500 firmas. “No decíamos ni que era inocente ni culpable sino simplemente que apareciera y que fuera puesto a disposición de la Justicia, con todas las garantías que tienen los ciudadanos de la República Argentina”, dijo Jaunarena respecto de la solicitada cuyo facsímil lamentablemente ya no obra en nuestro archivo, a consecuencia del incendio que sufriera el Diario en 1992. Sí podemos transcribir el encabezado de la misma merced a una nota que publicó al respecto el medio de la época “Panorama”. Decía: “Al Gobierno nacional y a la opinión pública: la desaparición de Luis Enrique Pujals sin que los organismos de seguridad atinen a dar una respuesta adecuada es otra evidencia del clima de violencia y represión que los argentinos estamos soportando”.
- Pujals fue conocido como fundador del ERP, ¿pero sabe usted cuál era el rol que cumplía en la organización?
- Por la índole de estas organizaciones clandestinas es imposible saber qué rol ocupaba Enrique o en qué grado estaba involucrado en las acciones, pero sí estoy seguro que merecía que su conducta fuera juzgada por la Justicia y no por un grupo irregular que lo hizo desaparecer.
Pero yo lo recuerdo más que nada en nuestra actividad en la secundaria. Nuestra actividad en la época de la lucha por la enseñanza laica estaba enmarcada en la legalidad; se producían debates abiertos y asambleas públicas, de las que podía participar quien quisiera; la información se suministraba, todo se hacía a plena luz.
La visita que no fue
“Tuvimos un enorme apoyo popular”, recuerda Jaunarena. “Qué distinta hubiera sido la historia de nuestra Patria si en vez de llevarse adelante la brutal represión fuera de control frente a los comportamientos ilegales hubieran sido debidamente juzgados”, reflexiona el abogado.
Cuando se publicó la solicitada ya era octubre y se esperaba esa jornada la visita del presidente Lanusse en ocasión de celebrarse un nuevo aniversario de la declaración de Pergamino como ciudad.
Antes se habían pintado leyendas en las paredes del tenor de “Lanusse demagogo” y adjetivaciones más agresivas aun. Peronistas, radicales, comunistas, todos unidos bajo el mismo clamor.
La gente estaba inquieta porque el hijo de Enrique Pujals no aparecía. Ese era Luis Enrique para Pergamino: un hijo de la ciudad, un vecino que estaba desaparecido.Luego de que discretos funcionarios de Ceremonial de la Presidencia recorrieran las calles y percibieran este clima, se formuló la sugerencia: no era conveniente que el presidente Lanusse visitara Pergamino.
“Quiero rescatar y resaltar en esta fecha la solidaridad de los pergaminenses que sumó de tal forma al reclamo de aparición con vida de Pujals que hizo que Lanusse no viniera, justamente por el estado de indignación por la desaparición de una persona y el hecho de que nadie diera respuestas sobre él. 


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