El embajador argentino en China, Fernando Mayoral, admitió que el Gobierno de ese país había advertido sobre el excesivo nivel de hexano en el aceite de soja procedente de Argentina, con anterioridad a que, el 1 de abril último, se prohibiera el ingreso de dicho producto a territorio chino.

Mayoral declaró que este conflicto tuvo origen en un nota enviada el 29 de marzo por la Administración General de Supervisión de la Calidad, Inspección y Cuarentena de China, la cual informó que entre 2008 y 2009 habían llegado 214 lotes de aceite de soja con niveles de hexano (un solvente utilizado en la molienda de la cosecha) por encima de los estándares sanitarios chinos. Esta norma que aplicaron los chinos el 1 de abril ya estaba en suspenso desde 2005, pero en aquel momento argentina la había objetado y los chinos aceptaron interrumpirla.

Además, el Embajador agregó y puntualizó que en ningún momento se mencionaba en la nota una posible suspensión de las importaciones y que sólo se limitaba a pedir que se informara a los exportadores argentinos para evitar inconvenientes futuros.

Pero los problemas se presentaron antes de lo esperado, ya que el Gobierno chino mantiene paralizadas las exportaciones de aceite de soja argentino (un negocio que llega a los 2.000 millones de dólares en un año) desde hace una semana, con el mencionado argumento de haber encontrado residuos de hexano. No obstante, esta limitación corresponde al aceite refinado de soja, y no al crudo, que es el que les vende Argentina.

Para las aceiteras locales, este argumento equivale a que los chinos exigieran octanaje de nafta super (aceite refinado) a la nafta común (aceite crudo). También se quejaron de que en las planillas de inspección que exhibieron los chinos informando el exceso de dicho solvente no se mencionaba ni el barco ni el exportador involucrado.

Las exportadoras argentinas, no obstante, tienen la esperanza de poder acordar alguna solución con los chinos para lograr disminuir de alguna manera las partículas de hexano, aunque no sería posible hacerlo al nivel que exigen las normativas chinas.

Para ello el Gobierno envió al país oriental al presidente de INTA, Carlos Cheppi y al vicepresidente del SENASA, Carlos Paz. Allí, se reunieron con las autoridades fitosanitarias y labraron un acta en la que Argentina reconoció haber recibido la advertencia. De esta manera, los chinos aceptaron que los barcos que ya navegaban rumbo a china puedan descargar en sus puertos.

A su vez las aceiteras argentinas siguen procesando soja a pesar de que los embarques no salen, por su capacidad de almacenaje.

Fuente: Clarín 


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