
Durante la última reunión del consejo se produjo un debate que reflejó una gran dificultad para comprender la separación entre la acción gremial y la acción política. Esto es totalmente comprensible. Una entidad gremial NUNCA desarrolla acciones políticas.
La acción gremial tradicional concebida como defensora de los intereses sectoriales ante los gobiernos de turno ha quedado perimida. Una entidad gremial moderna debe trascender fronteras y desarrollar su accionar en todos los ámbitos. Así, la acción gremial será mediática, social, intersectorial, gubernamental (en todos sus niveles), judicial, legislativa (proyectos), interna (cohesión) y política.
Todos comprendemos la importancia que para nuestro sector tiene la acción gremial que debemos emprender en el ámbito político. Surgen en nuestro horizonte escenarios imprescindibles de claridad de conceptos, docencia, negociación, y presión. Avances y retrocesos que marcarán un derrotero trabajoso y lento hacia la consecución de nuestros objetivos. Contamos para esto con el temido amparo de un enorme poder de convocatoria cuya sombra ha instalado en el inconsciente colectivo político la sensación de que con el campo no se puede jugar más.
La acción política debe ser asumida por aquellos dirigentes que decidan pasar al campo político. Verdaderos embajadores con la difícil tarea de plasmar en políticas efectivas las aspiraciones del sector. Será tarea de las entidades crear y mantener los soportes necesarios para el sostenimiento de su correcto accionar y borrar de una vez por todas la histórica orfandad critica que sufrieron nuestros representantes del pasado.
Estas ideas reflejan una línea de pensamiento que no necesariamente debe ser compartida, pero tengo la certeza de que suma al trabajo colectivo el conocer el ideario que acompaña la ponencia de un delegado en el consejo.
Carlos P. Seré
Sociedad Rural de Gral. Pinto