octubre
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El nuevo escenario empresario-agrícola y económico argentino

La relación entre los empresarios y el kirchnerismo pasó desde la desconfianza mutua durante los primeros años, al alineamiento casi perfecto de sectores como el industrial.
En el medio, algunos quedaron heridos, o no les era tan rentable la Argentina y decidieron hacer las valijas como el caso de la petrolera Esso y otros, petroleros también, crecieron de forma exponencial como las familias Eskenazi y Bulgheroni. Amigos del Gobierno o no tanto, aprovecharon su momento para desplegar sus alas. El campo parece resignado pero agazapado, el sector financiero y el de consumo volvió a estar en auge, y el Grupo Clarín es el único ejemplo de no retorno.
Así es, en general, el mapa del empresariado argentino hoy. Estén de acuerdo con Cristina o no, salvo contadas excepciones, todos ganaron, y mucho, con el kirchnerismo en el poder. Ahí está la clave del Gobierno para tener a la mayoría de los empresarios como aliados. Este punto va más allá de la relación especial que algunos tienen con el secretario de Comercio, Guillermo Moreno. Tampoco la alta inflación, el Indec mentiroso y la catarata de subsidios, pesan tanto como para desbalancear una economía que, más allá de sus particularidades, crece cuando el resto del mundo se cae a pedazos.
Un trabajo del Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (Cifra) de la CTA, muy tenido en cuenta por las pequeñas y medianas empresas argentinas (pymes), muestra datos a tener en cuenta. Entre otros, dice que la economía del país exhibió en el período comprendido entre 2002 y 2010 uno de los índices de crecimiento más elevados de la historia reciente, al expandirse a una tasa anual acumulativa del 7,6%. En 2010, la economía argentina generaba un 59,9% más de valor agregado que en 2001 y un 106,8% más que en 1991.
Pero hay más datos. A pesar del mantenimiento de un tipo de cambio competitivo durante la posconvertibilidad, el Producto Interno Bruto (PIB) en dólares per cápita en 2010 fue un 23,9% más elevado que el existente en 2001.
Con esta Argentina, creciendo y desendeudada, y con el abanico de opciones para gobernar el país, los empresarios, también como la mayoría de la población, prefirieron a Cristina.
Siempre hemos mantenido una excelente relación con el gobierno de la presidenta Cristina Fernández y creo que es una ventaja conocer su forma de trabajo y la de su equipo, expresa Sergio Rocha, presidente y director ejecutivo de General Motors Argentina, Uruguay y Paraguay.
Actualmente realizamos gestiones de manera conjunta para poder confirmar el anuncio de inversión que nos permitirá incrementar 25% la capacidad de producción de nuestra planta de Rosario, generar 600 nuevos puestos de trabajo e incrementar en 600 millones las compras a proveedores locales, agrega.
Esto nos permitirá incrementar nuestras exportaciones, y de esta forma, contribuiremos a mejorar la situación de la balanza comercial. Tenemos un compromiso con el país y con el gobierno argentino que nos ha apoyado en el pasado. Sabemos que hay desafíos e incertidumbre, pero nosotros estamos acá para convertir esto en oportunidades y generar oportunidades de negocio. El mercado seguirá creciendo en los próximos cuatro años y nosotros estaremos acompañando este crecimiento, afirma el ejecutivo brasileño.
Al optimismo de Rocha se suma también el del presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), José Ignacio De Mendiguren.
Con el poder que ha ratificado la Presidenta, es el estado ideal para avanzar en el proyecto de desarrollo. Hay que transformar esta crisis internacional en una oportunidad para la Argentina, piensa el industrial que supo ser ministro de la Producción del gobierno de Eduardo Duhalde.
Los industriales son conscientes de que mientras durante la vigencia del régimen de Convertibilidad que ató durante 10 años el peso al dólar estadounidense la industria manufacturera se contrajo al 0,7% anual acumulativo. Desde 2001 dicho sector se expandió a una tasa anual acumulativa de 8,1%.
Al mismo tiempo, el sector industrial explica el 56% del crecimiento experimentado por los sectores productores de bienes en el período comprendido entre 2002 y 2010.
En cuanto al empleo, la mejora de la economía hizo que se crearan alrededor de cinco millones de puestos de trabajo. Así, el número de ocupados hoy orilla las 18 millones de personas, contra los apenas 13,3 millones de 2002. La tasa de empleo pleno en 2010 resultó similar a la de 1974, previo al inicio de un largo descenso que culminó en 2002.
Los sectores denominados sensibles la industria de electrodomésticos, la del mueble, la textil y la del calzado en general también reconocen en el kirchnerismo un gobierno que no les dio la espalda. Tan es así, que no se asustan con el panorama que se avecina, que implica recesión en las principales economías del mundo.
Lo que veo es que a los países desarrollados les va a costar tiempo encontrar liderazgos políticos para resolver los problemas de empleo y crecimiento. Como contrapartida, los países en vías de desarrollo van a encontrar su propia medicina, analiza el empresario Guillermo Gotelli, presidente de Pony Argentina, y un fiel representante de una industria que ahora está en auge, pero que estuvo al borde de la desaparición en la Argentina de los 90.
La Argentina, coordinado con el Mercosur, va a mantener su demanda y su producción porque seguirá negociando con pares. En el sector de calzado existe una oportunidad mayor que todavía no está desarrollada. Es una oportunidad para agregar valor. Cristina más sólida significa que la Argentina puede negociar mejor sus productos en el mundo, asegura Gotelli.
De todas formas, dentro de los desafíos que tendrá Cristina en su próximo gobierno, para los empresarios, figura la de desactivar la salida de capitales.
Según la consultora Ecolatina, fundada por el primer ministro de Economía de Néstor Kirchner, Roberto Lavagna, para frenar la salida de capitales se deberá diseñar una estrategia integral que reduzca la expectativa de devaluación e inflación, fortalezca el resultado primario y modere la expansión de la cantidad de dinero y las subas salariales.
Pero más allá de las palabras, de los deseos y de las expectativas, Cristina gobernará la Argentina con crisis internacional como telón de fondo, con el apoyo de la mayoría de los argentinos y con el aval general de los empresarios, que en su mayoría creen que nada cambiará en el próximo mandato, aunque algunos sostienen que el Gobierno puede radicalizar la presión a las empresas si la situación económica empeora.
Horacio Riggi