Continente de Europa-España
Por la contaminacion-Enfermedad-Economia
BBC-Texto en Español 
Informacion de :http://el-prototipo2.blogspot.com/

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Viernes 3 de Junio de 2011
Para donde uno mire, en la región española de Almería, encuentra invernaderos. Los toldos de plástico se extienden por kilómetros en todas direcciones, cubriendo vastas plantaciones de frutas y verduras cultivadas para aprovisionar al resto de Europa todo el año.
Sin embargo, desde que funcionarios de salud alemanes vincularon los pepinos de Almería al estallido de un mortífero brote de E.coli, los negocios han estado en caída libre.Todos los exámenes en busca de la rara cepa de E. coli han resultado negativos, pero la reputación de los agricultores españoles ha quedado por los suelos.
El miedo cunde más rápidamente que la información objetiva.
“La venta de nuestra verduras está paralizada. 100%, a todos los países. Primero, Alemania, después todos cancelaron sus pedidos, y la venta de frutas ha bajado en un 70%”, explica Javier Díaz, gerente comercial de la cooperativa agrícola Arcoiris, la que abastece a muchos de los principales supermercados europeos.
“Los consumidores tienen miedo. Va a tomar tiempo recuperar su confianza y la de los supermercados en nuestra producción”, opina. Incluso contando con las declaraciones oficiales de los laboratorios dándoles el visto bueno.
Precios de liquidaciónLa cooperativa trabaja con cerca de 500 granjas, pero, desde la semana pasada, la cavernosa bodega de embalaje de El Ejido ha estado casi vacía.
Sólo el 10% del personal está trabajando, operando un par de cintas transportadoras, seleccionando tomates y melones para el mercado interno a precios de liquidación.
Los pedidos de exportación se han evaporado y, en el área de embalaje de pepinos, toda la maquinaria está cubierta de plástico. En este momento de la estación, el personal estaría embalando unos 100.000 kilos de pepinos al día.

Alemania es el mayor mercado.
No hay cifras oficiales, pero las asociaciones de productores calculan que las pérdidas se sitúan alrededor de US$290 millones a la semana, considerando todo el país.

“Desmoralizador”
En una larga calle, flanqueada por invernaderos, Juan López es uno de los muchos agricultores españoles que luchan por mantenerse a flote.
“Es realmente desmoralizador. A veces me pregunto si vale la pena seguir trabajando”, afirma, y explica que ha tenido que destruir 60.000 kilos de su cosecha de pepinos.

“Las cosas están muy mal”, dice.
Juan López todavía tiene a sus trabajadores cortando la fruta más madura desde la pulcras filas de plantas bajo el plástico, pero no para el mercado.
Las cajas de pepinos verde oscuro que apilan, son llevadas a pesaje y registradas con notario antes de ser hechas pulpa: todo esto es futura prueba, en caso de que haya compensación.
La esperanza de Juan reside en que se recupere la confianza en la producción agrícola española para la época en que la fruta más pequeña esté madura para su corte.
Sin embargo, con los bienes perecederos, el tiempo es fundamental y Juan no puede darse el lujo de esperar de manera indefinida.
“Utilizamos 400.000 litros de agua al día para los pepinos, y también está lo del fertilizante. Es muy caro”, explica el agricultor.
“Por lo pronto, ya me han costado mucho, de manera que tengo que tratar de mantenerlos por una semana más y esperar que las cosas mejoren”.
Como muchos agricultores, Juan López ha tenido que despedir a varios empleados; la suerte de los otros depende de futuros pedidos.
“Si no trabajo, no como”, afirma Juan, un peón que corta grandes pepinos maduros de las altas plantas. La agricultura es el sostén de la economía de Almería y la primera fuente de empleo.
“No entiendo por qué Alemania tenía que apuntar su dedo acusador hacia nosotros, si no tenía pruebas. Destruyó nuestra reputación en un instante”, se queja.
El personal de la granja señala que ninguno de ellos ha caído enfermo. Para probar lo que dice, uno de ellos corta un pepino y le da un mordisco.
Costa de Almería es una de las firmas que funcionarios en Hamburgo inicialmente señalaron como posible fuente de contaminación. Todos los exámenes posteriores -alemanes y españoles- han resultado libres de E.coli, pero la compañía calcula que ha perdido ya US$1,4 millones en existencias destruidas, y no hay señales de que esto vaya a cambiar.
Muchos de los camiones llenos de productos frescos fueron devueltos a España, el jueves, y se cancelaron los pedidos.
“Es horrendo”En el patio trasero de la bodega de embalaje, hay hombres vaciando cajas llenas de pepinos en contenedores para arrojarlos a la basura.
Adentro, otros equipos descargan cajas de cartón llenas de inofensivas berenjenas, zapallitos, pimientos y melones marcados “retirados” dentro de enormes contenedores de desperdicios.
“Estamos llenando contenedor tras contenedor con productos para deshacernos de ellos. Es horrendo”, dice la subgerenta, Noelia Pérez.
“Estoy furiosa porque hemos sido acusados falsamente de ser los culpables y todos nuestros clientes recibieron la información errada. El único culpable aquí es el gobierno alemán”, argumenta Pérez.
Ella apoya una promesa el presidente del gobierno español de presionar “para que haya explicaciones y compensación adecuada” por el daño causado.
“Creo que España debe examinar bien este asunto. No me parece legal acusar a gente antes de que se sepa dónde está el foco de la infección.”
Existe ahora gran preocupación de que la competencia y el proteccionismo puedan estar alentando a países como Rusia a imponer prohibiciones a las importaciones en vez de consideraciones sobre la salud pública.
Pero la mayoría de los españoles concuerda en que es necesario encontrar la fuente real del brote de E. coli en Alemania para que se comience a disolver el estigma de la contaminación supuestamente proveniente de productos españoles.
“Lo que los alemanes han dicho hasta ahora no es suficiente”, dice Juan López, quien afirma que la situación ha sido manejada muy mal.
“La gente quiere saber dónde yace el verdadero problema. Sólo entonces se levantará la sospecha que pesa sobre España”.
Mientras tanto, los agricultores están siendo forzados a mirar con consternación y descreimiento cómo miles de kilos de productos, plantaciones en que invirtieron tanto tiempo y dinero, son tranformadas en pulpa para fertilizante.





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