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Poema
Efe-Texto Original 
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Sabado 21 de Mayo de 2011
Delicados trazos componen el bosque de versos, haikus y pictogramas imaginado por el naturalista Joaquín Aráujo en su nueva obra “Árbol”, un homenaje a la naturaleza que ha escrito con esmerada caligrafía para rendir tributo a la lentitud.El formato vertical del libro (Gadir) recuerda a los cuadernos de los naturalistas que antaño anotaban sus observaciones con la única ayuda de un lápiz y una mirada atenta.
El filósofo José Antonio Marina prologa “Árbol”, en cuyas palabras es un texto que enseña a mirar, a sentir, a comprender y a expresar.
“No sé -afirma- si les invito a leer un libro de poesía, un libro de ciencia o un libro de ética. Joaquín hace ciencia aprovechando la energía de la poesía, o hace poesía aprovechando la energía del amor, o cuida la naturaleza aprovechando todos sus amores”.
En una entrevista con Efe, Araújo, uno de los naturalistas más conocidos en España y en el mundo hispánico, explica que “Árbol” reúne 15 ó 20 años de trabajo, un collage de poemas convencionales, haikus, pictogramas chinos, aforismos poéticos y citas de autores sobre el bosque, desde Horacio a María Zambrano.
El libro está dedicado a todos los árboles y a todos “los emboscados”, explica el escritor, periodista y agricultor, que cuida de una huerta de media hectárea con no menos de 8.000 plantas en la Sierra de Guadalupe (Extremadura).
En esta tierra ha empezado a plantar árboles por las personas fallecidas que él ha admirado o querido a lo largo de su vida.
Además de plantar personalmente mil árboles cada año, con la muerte de Miguel Delibes pensó que era el momento de lanzar una “contraofensiva” y, en lugar de la vieja tradición de hacerlo con los nacimientos, siembra tantos árboles como años tenía la persona desaparecida.
Comenzó con Delibes, que murió a los 87 años, continuó con su padre, fallecido también a los 87, y después siguió con Saramago (88) y Labordeta (75)
Durante la entrevista, Araújo (Madrid, 1947) explica que detrás del hecho de escribir a mano su nueva obra se oculta su deseo de rendir tributo a “la artesanía, a la lentitud, a un género artístico que se desvanece en la noche de los tiempos…”.
Confiesa que una de las partes que más le han apasionado en la escritura de “Árbol” han sido los haikus (composiciones poéticas de origen japonés) y los pictogramas chinos, mientras hojea el libro y explica con entusiasmo el significado de sus trazos y las sorprendentes coincidencias pictóricas de unas palabras con otras.
Como sugiere Marina en su prólogo, los bosques son un buen test para medir la inteligencia de las personas y de las sociedades, y propone preguntarnos qué hace nuestra cultura con los bosques.
La respuesta del filósofo es rotunda: el bosque ha sido víctima de “la estupidez humana”; “lo ha quemado, expoliado, despreciado, ensuciado…”.
A pesar de todo, en Aráujo anida cierta esperanza, debido a que en los últimos años la superficie forestal ha crecido en España más que en ningún otro país de la Unión Europea.
Termina y matiza con la advertencia de que una mayor extensión boscosa no equivale necesariamente a una mejor salud.

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