Durante la última Sitevi, que se realizó en predio ferial de la UCIM del 26 al 28 de Mayo, un concepto de promoción que se repitió en productos ofrecidos por los proveedores de la industria del vino fue el de “sustentabilidad”. Esto no es casual, ya que el vino es, en el mundo, una de las industrias que está haciendo más hincapié en el cuidado de la salud y del medio ambiente. Existen varias definiciones de sustentabilidad. Una definición general, la describe como “la capacidad de una sociedad humana de apoyar en su medio ambiente el mejoramiento continuo de la calidad de vida de sus miembros para el largo plazo; las sustentabilidades de una sociedad es función del manejo que ella haga de sus recursos naturales y puede ser mejorada indefinidamente”. En lo que a la industria del vino se refiere, son abultados los antecedentes que ponen en el candelero la necesidad de orientarse hacia prácticas de características sustentables. Un paso importante lo dio el Grupo Mundial de Comercio en su última reunión, realizada el año pasado en Ciudad del Cabo (Sudáfrica) y de la que participaron sectores públicos y privados de Canadá, EEUU, Chile, Argentina, Sudáfrica, Nueva Zelanda, Australia. En ella primó el cuidado del medio ambiente como premisa para la industria del vino en los próximos años. Temas como el seguimiento de la huella de carbono, límites en los residuos químicos de los vinos y prácticas limpias, dominaron la reunión. El otro paso importante lo han dado los mismos mercados que, como Inglaterra, exigen desde hace tiempo la utilización de botellas más livianas, menos uso de pesticidas y agroquímicos en los viñedos, seguimiento de la huella de carbono así como el uso general de materiales ecológicos en los insumos del vino.
Un caso encontrado en Sitevi es el de Amorim, corchera de origen portugués, que ha logrado un contrato con Sainsbury´s -una cadena de tiendas muy importante en Reino Unido- para el uso exclusivo en sus vinos de corchos tratados con agua en lugar de tapones sintéticos, los cuales ponen en riesgo el medio ambiente.
Pedro Félix, presidente de Amorim en Argentina, explicó que estos corchos naturales que salieron al mercado con la marca Acquamark son revestidos con un proceso de base acuosa.
“Esto significa que la cola es a base de agua y no de colmatado. Tradicionalmente se mejoran los corchos naturales con un producto de base química. La idea de Amorim fue hacerlo con un proceso más complejo, que tapa los cráteres en menor medida que el colmatado, pero que deja un residuo de polvillo mucho menor y es una gran alternativa para vinos de U$S 10 en adelante”.
Macetas biodegradables
Una novedad que se presentó este año en la feria fue la de macetas para plantines realizadas a base de corteza de árbol y turbia rubia. Estos recipientes pasan por un proceso de vapor a alta temperatura para eliminar residuos tóxicos. Con estas macetas el plantín no necesita ser transplantado: va directamente a la tierra, y según asegura la gente de Mecagri, la empresa francesa que los desarrolla, esto permite un desarrollo más rápido de la raíz.
“Está comprobado que con estos materiales se requiere un 30% menos de sustrato -tierra- que con el plástico, además no contamina como la bolsa, y las macetas son permeables al agua. Se usa mucho en vid pero también en forestales y algunos frutales”. El precio de referencia es de 137 pesos la caja de 1230 macetas.
Microfiltración que ahorra energía
La palabra sustentabilidad se destacó en el stand de la firma norteamericana Pall, que presentó un filtro para vinos que ahorra energía y agua en relación a los sistemas tradicionales. “El descarte de producto, además, es al menos siete veces menor. Con el filtro de tierra la pérdida es del 1% y con este filtro, de 0.3%, esto, con el precio que tiene hoy el vino, implica evitar pérdidas de varios miles de dólares al año”, explicó Santos Miyara, vendedor de Pall.
La compañía, que fue rankeada por la revista Newsweek como “Top Green Company” fabrica equipos entre cuyos objetivos principales está la protección de la tierra. Este filtro, por ejemplo, reduce el consumo es de hasta 50%, porque permite saltear varias etapas para filtrar un mismo volumen de líquido.
En el enjuagado y limpieza, para lo que utiliza agua fría y caliente, ahorra 80% de agua en relación a los filtros tradicionales.
Por último hay una gran reducción de efluentes, por la misma disminución de volumen de agua que, además, no contiene tierra filtrante.
Estos equipos cuestan alrededor de 150.000 euros, pero por el ahorro en producto, hoy tienen una amortización cercana a los dos años. La empresa tiene ya 30 equipos en Brasil, Chile y Argentina y hay más de 1.000 en el mundo.
Gabriela Malizia