El hecho de forrar el cilindro brinda ventajas porque la operatividad de la cosechadora es la misma, se realizan las mismas cantidades de hectáreas por hora pero con menores pérdidas. Colocar o quitar las chapas con herramientas adecuadas no demanda más de una hora y media.

Para trillar con eficiencia, en cosechadoras con cilindro convencional, una de las recomendaciones es forrar el cilindro de trilla con chapas que cubren el espacio entre las barras batidoras. Esto colabora a que las espigas ingresen rolando y sean trilladas a medida que avanzan por el sistema de trilla.

“Bien regulado, este sistema es progresivo en su agresividad, más abierto en el ingreso y más cerrado en el final”, señala un trabajo realizado por los ingenieros agrónomos Rubén Roskopf y José Méndez del Proyecto Precop II del INTA Totoras. Entre las desventajas de no forrar el cilindro se menciona la reducción de la eficiencia de trilla, observándose trozos de marlos con granos adheridos que salen por la cola de la cosechadora. Estos trozos de marlo se introducen en el cilindro por los espacios entre las barras batidoras y salen por la cola, sin haber sido desgranados, ocasionando pérdidas de trilla.

Evitar errores que acarrean pérdidas
“Ante esta situación, el operario normalmente aumenta la agresividad del cilindro, incrementando las vueltas por minuto o disminuyendo la separación entre cilindro y cóncavo, lo que agrava este problema, reduciendo más aún el tamaño de los trozos de espigas y hasta en algunas situaciones, aumentando el daño mecánico al grano. A nivel de sacapajas, estos trozos más chicos pueden llegar a evitar el colado de granos, aumentando las pérdidas por cola”, subrayan los técnicos. Es conocido entre los maquinistas que forrar el cilindro permite “realizar una mejor trilla”.
Los técnicos realizaron un ensayo para cuantificar tal beneficio. El trabajo consiste en determinar las pérdidas en la cosecha de maíz bajo dos situaciones diferentes de equipamiento en el cilindro de trilla en una misma cosechadora: con cilindro forrado y cilindro sin forrar. También estudiaron el efecto del índice de alimentación sobre el tipo y nivel de pérdidas. Los tratamientos se realizaron a dos velocidades: 5,3 y 7,8 kilómetros por hora.

El ensayo se realizó en el campo de un productor ubicado en cercanías de Totoras, Santa Fe. El rendimiento del maíz fue de 8.200 kilos por hectárea y la humedad de cosecha del 16,5 por ciento. Para las evaluaciones se utilizó una cosechadora con un cabezal de 6 hileras a 70 centímetros.
En una zona homogénea del lote se determinaron las pérdidas tanto de cabezal como las de la cola. A su vez, las pérdidas de cola fueron subdivididas en deficiencias del sistema de trilla y granos no colados del sistema de separación y limpieza. También se determinó el número de marlos rotos, contabilizándose como tal a todos los trozos de marlos que no se encontraron enteros. A los fines del ensayo, se anularon los sistemas picadores y esparcidores de sacapajas y granza de la máquina.
Para la evaluación de pérdidas, se siguió la metodología del INTA-Precop utilizando aros de un cuarto de metro cuadrado, realizándose diez repeticiones por tratamiento. La separación entre el cilindro y cóncavo fue de 28 milímetros adelante y 20 milímetros atrás quedando en 625 las revoluciones por minuto del cilindro.

Análisis de los resulados
Los especialistas encontraron que “Si bien los valores totales de pérdidas resultaron relativamente bajos, en el caso del cilindro forrado siempre estuvieron por debajo de la tolerancia de pérdidas por cola de hasta 47 kilos por hectárea.
Fue evidente la diferencia entre trillar con el cilindro forrado y sin forrar. Las pérdidas fueron menores en todos los casos con el cilindro forrado”.
A 5,3 kilómetros por hora, las mayores pérdidas con el cilindro sin forrar se debieron a la cantidad de granos que quedaron adheridos al marlo y no fueron trillados, a su vez la cantidad de pedazos de marlos también fueron mayores, indicando que la ausencia de las chapas que forran el cilindro provoca mayor rotura de espigas.
Sin embargo, esto no originó problemas de colado de granos.
A 7,8 kilómetros por hora, las mayores pérdidas del cilindro sin forrar se debieron a los granos que no lograron colar, probablemente al alto índice de alimentación de la cosechadora y la mayor rotura de marlos que complicaron el trabajo del sacapajas.
Los técnicos afirman, que “forrar el cilindro en la cosecha de maíz brinda ventajas dado que la operatividad de la cosechadora es la misma lográndose realizar las mismas cantidades de hectáreas por hora pero con menores pérdidas. Con frecuencia, el maquinista es reticente a forrar el cilindro dado el mal desempeño en la cosecha de soja. No obstante colocar o quitar las chapas con herramientas adecuadas no demanda más de una hora y media, las cuales pueden ser las más rentables debido a la mejora en la eficiencia de trilla y la reducción de pérdidas que se pueden lograr”.

Fuente : Suplemento Rural 


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