El viernes pasado en la galería “Juan Belcuore” y la sala “Antonio Berni” de la Fundación Casa de la Cultura quedó habilitada una muestra de pinturas de Nicolás Menza, organizada por la subcomisión de Plástica de la Fundación Casa de la Cultura y auspiciada por la Municipalidad. Podrá visitarse hasta el jueves 6 de octubre, de lunes a sábados, de 17:00 a 21:00. El destacado artista plástico nacido en la Ciudad de Buenos Aires dialogó con LA OPINION.
- En una crítica se destaca que usted no se ha dejado tentar “por lo nuevo o por los condicionamientos del mercado”, resistiendo lo que está de moda ¿es así?
- La resistencia es en pensar el arte desde una posibilidad, más allá de lo figurativo o lo abstracto, y fuera de todas las tendencias y modas. Concibo el arte como búsqueda de una necesidad interior y cada artista puede tener aspectos comunes de una época, pero no esta idea de ir siempre detrás de la moda, de lo que se usa, de lo que está vigente; desde los escritorios, desde la legitimización intelectual de lo que puede ser o no arte. En el caso de la pintura, desde la década del 60 tantas veces la mataron y resucitó otras tantas veces. No sólo la muerte de la pintura sino la muerte de todo el arte; como la idea de todos son y nada es. El ‘nadismo’ absoluto. Y me parece que el arte, más allá de lo figurativo, abstracto o conceptual, tiene una vigencia y un rol social en busca de una poesía que genere emociones, que genere la capacidad de sentir y reflexionar sobre el hecho artístico. Lo que uno está peleando es ese concepto manipulador de decir qué vale y qué no vale, qué hay que leer, qué hay que ver.
- ¿En esto juegan un rol muy importante los curadores, los galeristas, inclusive los críticos?.
- Digamos que todos somos parte del juego. Hoy un crítico, un curador o una galería que quiera trabajar desde fuera del concepto legitimizador también está en problemas, porque hay un pensamiento hegemónico, hermético que además se autoconvoca con un rol muy omnipotente de decir qué vale y qué no vale, por sobre la obra del artista y por sobre el artista mismo. Entonces la vedette es el intelectual o el curador. Hay algunas tendencias en los últimos años donde se dice cómo debería ser el arte y después hay que buscar quién ejecute eso. No creo en ninguna disciplina artística de un a priori. La tendencia la marca la necesidad espiritual y la emoción de cada uno de los artistas.
- ¿Y las reglas del mercado?
- Hace más de 10 años parte del discurso oficial era que la ley la marcaba el mercado, incluso uno de mis maestros, Fermín Fevre, decía de manera muy ácida que confunden precio con valor. Una cosa es el precio en el mercado de un producto y otra es el valor intrínseco, filosófico, poético de la obra. Entonces, el mercado no tiene reglas tan propias como supuestamente algunos pretenden y cuando esas reglas no se empezaron a cumplir las vuelven a modificar y apuntan para otro lado.
El tema del arte conceptual que está tan de moda es una desviación exagerada de la idea, de lo conceptual de la idea. Se fanatiza tanto que hasta se fanatiza la ausencia de la idea. El arte conceptual como movimiento responde a la década del 60, entonces es como que estuviéramos reivindicando el discurso de los artistas de esa época. Todo es un juego muy intelectual, de poder, de los medios, de quién está y quién no. En las artes visuales, más que en otras disciplinas, en los últimos años, la tendencia es que se han colocado entre la obra del artista y el espectador o la institución, un montón de agentes intermediarios que van adquiriendo poder, relaciones y que se alejan del hecho puntual.
- En sus obras, al menos las que presenta en Pergamino, el común denominador es la figura humana y el desnudo femenino, ¿por qué?
- Una de mis obsesiones en mi obra es la angustia existencial ante todas las situaciones que uno va viviendo, tanto bellas como trágicas. En ese sentido la figura humana siempre fue un elemento significativo que se fue transformando dentro de mi obra como un elemento simbólico. Así aparece la mujer, sobre todo el desnudo como un elemento muy interesante de explorar. Primero, porque es la forma más bella de la naturaleza, segundo porque es muy poético y tercero porque, más allá de que mis obras tienen su erotismo, en el desnudo no hay clase social, somos todos iguales. Esa mujer en ese sillón, recostada en un manto, no sabemos de qué clase social es, pero le está pasando emocionalmente algo.
- Dos de sus obras corresponden a la serie “El banquete”, ¿cuál es el significado?
- No es una serie que la pensé a priori, si no que después de cinco años me di cuenta que había una obsesión que podía transformar en una serie que le puse “El banquete”. Es la parte en la que juego más con el grotesco, el humor negro y donde a través de las distintas técnicas me permito investigar y narrar más. En ese sentido, son obras bastante ácidas que tienen que ver con el humor negro italiano. Causa impresión, risa y después nos preguntamos de qué nos estamos riendo. Ese gran banquete simboliza al hombre devorándose a sí mismo. Todas estas obras no responden a una etapa oscura de mi vida, sino que trabajo en forma simultánea con más de 10 obras y en el mismo día. Esto es personal, no quiere decir que así se debe hacer una obra.

Fuente: La Opinion de Pergamino 


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