
“¿Qué les pasó?”, diría el periodista Ernesto Tenembaum, sobre la nueva posición que muestran los dirigentes ruralistas acerca del accionar del Congreso de la Nación.
Hace menos de un año, los líderes de la mesa de enlace nacional se mostraban exultantes por lo que consideraron una victoria propia sobre la derrota del oficialismo en las urnas. No era para menos después de la epopeya agraria de 2008.
Tanta era la euforia por aquellos días que Hubo Biolcati instó en tono de exhortación a la oposición a tomar la iniciativa sin medias tintas casi como un aviso de lo que sucedería cuando asumieran en diciembre una decena de agrodiputados recientemente electos.
“La pelota está picando y hay que agarrarla antes de que la agarren los Kirchner”, decía el presidente de la Sociedad Rural, junto a Mario Llambías, Eduardo Buzzi y Carlos Garetto, a solo 30 días de las elecciones del 28 de junio.
Pero las cosas no cambiaron tanto hasta el 10 de diciembre de 2009. La predicción sobre la “diáspora” oficialista no fue tal, y el gobierno logró sacar con relativa comodidad unas cuantas leyes que necesitaba hasta que asumieron los nuevos legisladores.
La derrota K en las urnas aceleró la aprobación de la ley de medios, el presupuesto nacional, la prórroga de facultades delegadas, y por dos años la del impuesto al cheque, para mencionar algunas normas clave que requería el gobierno de los Kirchner.
Después sí, asumió el “nuevo” Congreso, y la oposición habló de grupos A y de grupos B, y de la mayoría que ostentaba tanto en comisiones como en la mismísima Cámara de Diputados, y avanzó hasta donde le fue posible en los cargos, al arrebatarle la vicepresidencia primera del cuerpo al oficialismo, para sentar allí a Ricardo Alfonsín.
Para decirlo con todas las letras el Frente parta la Victoria tiene hoy 87 diputados nacionales que se elevan a poco más de un centenar si se suman todos los aliados posibles. Con la mejor buena voluntad el kirchnerismo araña (desesperadamente) en este nuevo Congreso unos 111 diputados propios y amigos. Superar ese número le resulta imposible.
Si este cálculo no fuera exagerado, el FpV no puede sumar los 18 diputados que le darían el quórum propio (129), ni aún rascando el cuero de todas las bancas de la Cámara. Ya no más, la frialdad de los números es concluyente: el resto lo tiene el arco anti K.
Tampoco el kirchnerismo controla ni remotamente la comisión de Agricultura, en la que ni si quiera mantuvo la presidencia, un cargo estratégico desde el cual se maneja la agenda de la comisión, y por ende la de cualquier proyección legislativa en materia agropecuaria.
Agricultura y Ganadería no solamente está presidida por la oposición sino que el radicalismo designó en el puesto a un hombre de CRA, Ricardo Buryaile, que con otros pares del gremialismo rural integran el bloque que preside el cordobés Oscar Aguad. Así están las cosas.
En la Comisión, 15 de 35 diputados son oficialistas (se incluye aliados) y 18 del arco opositor (se incluye todo lo no K). ¿Qué significa esto?, lo dicho: que el control de la comisión ya no está en manos del kirchnerismo, devenido en una primera minoría parlamentaria dentro y fuera de la comisión.
Pese al quórum propio que ostenta la oposición en la comisión de Agricultura, hasta ahora los resultados han sido magros para la nueva legislación que reclaman a viva voz las cabezas de la comisión de Enlace.
“Vinimos a buscar la voluntad que hace falta para retomar la agenda agropecuaria, la cual fue quedando rezagada por las trampas del oficialismo y porque tuvieron inválido al Congreso”, dijo este lunes Eduardo Buzzi luego de mantener una reunión con legisladores nacionales entrerrianos en Paraná.
Ya de “trampas” en el Congreso, pero sin entrar en detalles, había hablado Hugo Biolcati. Lo hizo ante Joaquín Morales Solá, cuando compartía una entrevista junto a sus tres colegas de la Mesa de Enlace hace una semana.
“Hoy, los agrolegisladores están realizando una tarea muy valiosa y loable, y contamos con una Comisión de Agricultura de lujo en el Congreso, pero debemos evitar que el clientelismo de este Gobierno trabe el accionar del poder legislativo”, decía también Biolcati en el acto realizado por el ruralismo en Pringles.
El titular de la SRA aludía a los subsidios que pocos días antes había repartido el Ministro de Agricultura entre productores del sudoeste bonaerense como un paliativo contra las pérdidas ocasionadas por el clima.
Cuesta entender cómo esas “migajas” -como se calificó a los subsidios- podrían llegar a torcer la voluntad de los diputados nacionales, que dicho sea de paso son todos de la oposición.
Pero además de marzo a la fecha fue el mismo kirchnerismo quien prestó quórum en la comisión de Agricultura en más de una ocasión para que pudiera llevarse a cabo la reunión. Una de las más sutiles formas de “trabar” el accionar de la comisión, en una maniobra tan hermética que resulta incompresible.
No puede tampoco el oficialismo, mal que le pese, evitar que los 146 diputados de la oposición (muy por encima del quórum de 129) convoquen a una sesión especial para aprobar con mayoría absoluta del cuerpo cualquier medida que se proponga de las muchas que reclama la dirigencia de la mesa de Enlace. Sencillamente no puede ni siquiera con Néstor Kirchner en su banca.
Si hasta ahora una sesión especial de esas características no ha sucedido no fue por la habilidad política del FpV. En estas circunstancias responsabilizar al oficialismo de lo que la Cámara de Diputados no hace orilla poco menos que el absurdo.
Entre la realidad “virtual” y la realidad “real”, uno de esos tantos disparates que se debate en la Argentina con tal de no hablar de los temas de fondo, hay un camino plagado de espejismos.
La quijotesca mesa de Enlace, que con características de hazaña derribó la 125, hoy corre el albur de ver gigantes donde solamente hay molinos de piedra.
Diego Ramírez